La ruleta francesa como su propio nombre indica nació en Francia concretamente gracias a la gran mente de un filósofo y matemático llamado Blaise Pascal. En un primer momento lo que pretendió inventar era un aparato que no dejase de girar nunca, pero como suele suceder en muchas ocasiones, los mejores inventos surgen por pura casualidad. Y la ruleta no es una excepción. Los coetáneos de Blaise Pascal se dieron cuenta de que ese aparatejo ciertamente extraño podría servir para divertir a las gentes simplemente añadiéndole una bola y dándole vueltas para determinar el número donde podía caer. Así nació este juego de azar, por puro azar.
Este juego es un juego pensado para la sociedad, para divertirse con el colectivo. Como ya se ha mencionado anteriormente, el objetivo de este juego es predecir en qué docena, color, número, número par, número impar caerá la bola de exquisito marfil. Todos los jugadores que concurren a un casino ruleta francesa apuestan contra la casa. En primer lugar lo que debe de hacer el jugador es cambiar el dinero por fichas. A partir de ahí, el crupier sabrá perfectamente a qué o quiénes pertenecen las fichas apostadas. Hay que decir que todas las fichas de la ruleta francesa tienen la misma valoración por eso el crupier colocará un distintivo encima de las apuestas de los jugadores.
¿Qué quiere decir esto? Que si las fichas tienen una valoración de 10 euros, y una persona apuestas diez fichas, el crupier colocará encima de las fichas un distintivo que indica que ese montón tiene un valor de 100 euros. Una vez que el jugador ya tiene en su poder las fichas, pasa a decidir cuál será el tipo de apuesta que quiere formular. Hay muchos tipo de apuesta pero sería demasiado complicado extenderse en su explicación, así que mejor realizar un breve resumen de las dos principales apuestas: las apuestas internas son las que se colocan en el centro de la mesa y la externas son las que se colocan en su periferia. Así de simple.
A continuación en la ruleta francesa deberá colocar su ficha en la parte de la mesa en la que quiera realizar su apuesta. En algunos casinos hay establecido un mínimo de mesa. Eso significa que el jugador deberá llegar al menos a esa cantidad mínima para poder participar en el juego. La dinámica del juego es extremadamente sencilla y es idéntica para ambos tipos ruleta: mientras la bola está girando, el apostante puede modificar su apuesta y mover la ficha donde crea que va a parar la bola de marfil, pero en el momento en que el crupier exclame: “¡No va más!” todo el mundo deberá dejar las fichas donde estaban sin posibilidad alguna de modificar su posición. La apuestas final quedará ya marcada.
Por supuesto, huelga decir que los jugadores no podrán tocar la bola una vez ésta se ha detenido en cualquier casilla. Cuando la bola de marfil se ha parado por completo, el crupier tendrá la obligación de pagar a los ganadores y retirar las fichas perdedores del tablero. Como se puede comprobar el juego de la ruleta francesa es tremendamente sencillo y sobre todo muy ameno a la hora de participar en él. En la mayoría de casinos terrestres del mundo se pueden encontrar ambas versiones, aunque la francesa está mucho mejor valorada por los jugadores ya que las posibilidades de ganar dinero con ella son mucho más frecuentes que con la americana.